Primera vez en el U-Bahn de Berlín

Berlín es muy especial en mi historial de viajes porque fue el primer lugar fuera de Colombia que visité, y por tal motivo me asombré de muchas cosas que funcionan de manera diferente en mi país.

Empecemos:

Es muy juvenil y cosmopolita por lo tanto casi todos hablan inglés a pesar de que su idioma oficial sea el alemán. Nunca había visto una ciudad con tantos graffitis, también me sorprendió la cantidad de parques y zonas naturales para hacer improvisados picnics. Pero lo que más me impactó fue la imborrable huella de la historia, me sentía muy emocional caminando por las calles, conociendo un poco más de cerca lo acontecido allí años atrás.

Hay mucho por decir acerca de este viaje, pero en esta entrada quiero hablar sobre algo que me asombró, el U-Bahn, el sistema de transporte metro.

Un día caminaba hacía la estación Karl Marx, bajando las escaleras que llevaban a la entrada del metro observé que no había torniquetes ni ningún tipo de control para ingresar al tren. Los tiquetes se compran en unas máquinas que están en todas las entradas de las diferentes estaciones, después de esto y antes de entrar al metro se deben legalizar en otra máquina donde se le pone la fecha y la hora de ingreso, es todo, nadie está pendiente si las personas lo hacen o no.

En una ocasión, vi como unos personajes uniformados con un aparato especial en sus manos se iban acercando uno a uno a los pasajeros pidiéndoles su tiquete, ahí entendí todo. Pero lo que más me impactó de esta historia es que en las pocas ocasiones que veía a los controladores (así le llaman), la mayoría de los viajeros tenían el tiquete al día.

Uno podría pensar que por no haber tanto control se puede usar este medio de transporte gratis. Sin embargo, en las pocas veces que vi a los controladores checando, porque no lo hacen todo el tiempo, observé que los colados eran una minoría poco notoria, casi siempre jóvenes. Eso sí, si los descubre reciben una tremenda multa y la vergüenza de que todos se enteren de que son colados.

Pensé mucho en el metro de mi ciudad, es el mejor del país y los paisas nos sentimos muy orgullosos. Un dato muy curioso es que cada vez que alguien visita Medellín por primera vez, lo llevan a dar un paseo en el metro y el metro cable.

Y bueno, no me están pagando para decir esto, pero algo que me gusta es que tienen una campaña corporativa muy interesante que se llama Cultura Metro, la cual consiste en que a través de parlantes y publicidad nos recuerdan la importancia de ser amables con los demás usuarios, de ceder el puesto a quién lo necesite, de respetar lo que no es nuestro. Nos recuerdan lo que nuestros padres nos enseñaron cuando éramos pequeños y que parece que muchos han olvidado.

Viajar es muy agradable porque conocemos otros sistemas, otros estilos de vida, salimos de nuestra burbuja y resulta siendo muy enriquecedor.

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